Mucho tiempo anduve como caballito de la alameda con anteojeras, sin despegar un segundo la vista de la meta que me había impuesto, guiada por una mano que jalaba mi rienda. Cuando la meta se veía cerca comencé a preguntarme ¿Qué estaba haciendo?, ¿En dónde me encontraba?, ¿A dónde iba?
Regularmente sin respuesta empecé a sentir cierta frustración de saber que había limitado mis posibilidades, quise volver atrás pero eso no sucede, y no sucede por que no existe.
Muchas cosas deje pasar, las enterré por temor de que me estorbaran o “me quitaran tiempo” y que por eso no pudiera llegar a la meta; por temor de ‘desilusionar’ a mis padres al no cumplir sus expectativas (o cualquier bobada en estos casos sirve como excusa del temor).
Hace tiempo que llegue a la meta (terminar la escuela) y después de eso fue como despertar de un sueño, de esos sueños donde corres mucho y por el simple hecho de soñar te cansas.
Me di cuenta que la meta no era el final de mi carrera, que tenía que seguir corriendo, ahora con más fuerza, ahora era correr de verdad.
¿Qué por que les estoy contando todo esto?, simplemente para explicar por que decidí ponerme en contacto de nuevo con algunos amigos del pasado.
Un día, de esos que deje de soñar que corría, para empezar a moverme en la realidad (mí realidad), encontré un poco empolvado, junto a unos libros que leí en la secundaría, el libro de una amiga de hace muchos años, entonces encontré sus datos y decidí ponerme en contacto con ella.
Sabía efectivamente que el tiempo había pasado, sabía que había enterrado pedazos de mi vida, pero también sabía que “nunca es tarde”.
En estos días he tratado de ir desenterrando todos esos recuerdos, tratando de recuperar a toda esa gente que ha dejado huella en mi vida; hay días que me imagino mi pasado como un rompecabezas donde voy recuperando piezas poco a poco.
El otro día esta amiga vino a Monterrey y después de 11 años sin vernos comento un detalle que para nada recordaba, una cosa simple de cuando éramos niñas y nos juntábamos en la iglesia; como un chispazo, entonces empecé a recordar, y me vi como antes y fue muy bueno para mí.
A veces me avergüenzo, no quiero parecer acosadora o una “loca” y me reservo, no quiero hostigar a las personas, por que se que no puedes dejar algo botado y luego hacer como si nada hubiera pasado y hablar de los padres y los amigos como si fuera comprar chicles.
Siento honesta felicidad de saber que la gente me recuerda y me deja regresar, me da felicidad también saber que están bien, que siguen corriendo como yo, unos más rápido otros como yo que vamos más despacio, y tristeza a veces también, al saber que otros lamentablemente no corren por que ya no están.
Cada logro de estas personas me hace sentir feliz de una manera que nunca había sentido, y es honesto, es llenarse de gusto por saber que alguien a quién uno estima ha tenido un éxito o el día de hoy simplemente amaneció con una sonrisa.
Esta post es con agradecimiento, y también con entusiasmo de apoyar a la gente que no se quedo simplemente soñando.
Gracias a todas las personas que este año me dejaron regresar.
Sinceramente,
Doña Stern.
No hay comentarios:
Publicar un comentario