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miércoles, 6 de octubre de 2010

LXXXV.-New born

A mi llegada a la ciudad de México, fue un cambio en extremo radical, simplemente por cosas como: la comida, el transporte, el clima, la forma de hablar, etc.

El primer día que dormí en mi casa nueva fue raro, la sensación de no estar en casa y despertar al otro día fue diferente.

A los dos o tres días ya me había aclimatado, me sentía bien estando sola, supe rápido como moverme de la casa a la escuela (aun que el quinto día me perdí, y llore, por que comenzó a llover y sentí miedo, no quería preguntarle a nadie ni que nadie se diera cuenta que estaba perdida), me gusto la comida, el clima y la gente.

Mi mayor miedo era quedarme relegada por ser del norte y al contrario de lo que todos piensan los 'chilangos' me aceptaron rápido, si bien es cierto que en algo ayudo ser 'la novedad' al paso del tiempo la gente me seguía tratando bien (por unas -una sola- rarísimas excepciones... pero esa es otra historia).

Disfrutaba mis tardes yendo a la escuela y por la poca carga de trabajo, me dio oportunidad de recorrer muchos lugares sola, sobre todo el centro histórico, que por más que lo camine y camine nunca termine de conocerlo todo. Todas las sensaciones quedaran en mi por siempre, jamás olvidare lo emotivo que fue para mi la primera vez que salí por el metro Bellas Artes, justo a la explanada del palacio y cruce el arco de Hector Guimard y vi a mi derecha el magnifico edificio, con sus cúpulas brillantes, y sus enormes esculturas flanqueándolo... son las cosas que se quedaran en mi mente y en mi corazón para siempre.

Otro día fuimos por detrás del templo mayor a comer quesadillas, y recuerdo que era una callecilla, con las paredes renegridas, llena de vendedores ambulantes cobijados bajo lonas multicolores, el cielo gris, la tarde perezosa y una canción a lo lejos... "Luna que se quiebra, sobre la tiniebla de mi soledad, a dónde vas" ♪♫, y el sentimiento en ese preciso momento de saber que lo había logrado, estaba a más de 900 kilómetros de casa y sobrevivía.

Seguí mis andanzas, conocí: Toluca, Morelia, Pachuca, Tenochtitlán, Tlaxcala, Huamantla, Apizaco, Hidalgo (Michoacán), Puebla, y muchos otros lugares, que de haberme quedado en casa... tal vez nunca hubiera conocido.

Tardes interminables de café, tabaco, quesadillas, tortas y caminar... caminar y caminar. Como cuando camine por Insurgentes y Reforma y quería saber todo, ¿qué es ese edificio? ¿quién lo hizo? ¿de que año es? ¿por qué la columna del ángel de la independencia tiene una medusa en la base?, etc.

Muchas cosas sucedieron en mi estancia allá, la relación con mi novio (ahora ex) termino de fracturarse, y lentamente nos dijimos adiós. Otras muchas personas entraron a mi vida y mi hicieron ver en retrospectiva, entonces conocí al que es hoy mi novio y por cosas del destino nos enamoramos y terminamos juntos.

El me acompaño en muchas de mis andanzas, pero el sueño termino:

En un atestado aeropuerto de Toluca, a 2° C, un 22 de diciembre de 2006, regrese a casa, me despedí de todos como si nos volviéramos a ver muy pronto, entre lágrimas y risas regrese...





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